Los gladiadores de Éfeso comían sobre todo cebada, trigo y legumbres, con muy poca carne, y tomaban una bebida de ceniza vegetal que les fortalecía los huesos: en sus esqueletos la proporción de estroncio frente a calcio es casi el doble que en los de sus vecinos. Lo sabemos por el cementerio de gladiadores de Éfeso, descubierto en 1993, donde se enterró a al menos 68 personas entre finales del siglo II y comienzos del III.
Es uno de los hallazgos que más preguntas provoca cuando llegamos a la sala de gladiadores del museo de Selçuk, y casi siempre la primera es la misma: ¿qué comían esos hombres? Aquí va la respuesta completa, con lo que dicen los huesos, lo que dicen las lápidas y dónde se ven hoy, a veinte minutos de Kuşadası.
El cementerio, en corto
- Hallazgo
- 1993, en las excavaciones austriacas de Éfeso
- Dónde
- Unos 300 metros al este del estadio, al pie norte del monte Panayır
- Época
- Finales del siglo II y comienzos del III d. C.
- Quiénes
- Al menos 68 individuos, casi todos hombres de 20 a 30 años
- Estatura media
- Unos 168 centímetros
- Dieta
- Cereales y legumbres, poca carne y una bebida de ceniza
- Dónde verlos hoy
- Museo de Éfeso, en Selçuk
¿Qué comían los gladiadores de Éfeso?
Comían sobre todo cereales y legumbres: cebada y trigo como base, habas, guisantes y lentejas, y poca carne o leche. Lo demostró en 2014 un análisis químico de 22 gladiadores del cementerio, comparados con 31 efesios de la misma época. Además bebían ceniza vegetal disuelta, un suplemento de calcio.
El estudio, publicado en la revista PLoS ONE por un equipo de la Universidad de Berna y de la Universidad de Medicina de Viena, midió los isótopos de carbono y nitrógeno del colágeno de los huesos. Esos valores reflejan lo que una persona comió durante sus últimos años de vida, y en los gladiadores apuntan a una dieta de cereales y legumbres, la misma base que la de la gente corriente de la ciudad.
Encaja con lo que ya decían los autores antiguos. Plinio el Viejo cuenta que a los gladiadores se les llamaba hordearii, «los de la cebada», y no era un elogio. Galeno, el médico que atendió a los gladiadores de Pérgamo, escribió que comían habas a diario y que esa dieta les daba una carne blanda, no firme. Un gladiador no era un culturista: los investigadores creen que una capa de grasa le protegía de los cortes superficiales, y los hidratos de carbono baratos ayudaban a tenerla.
Hay un matiz que suele perderse. Los gladiadores de Éfeso no eran un grupo uniforme: dos de ellos tenían los valores de nitrógeno más altos de toda la muestra, lo que indica que sí comían carne o lácteos con regularidad. Llegaban de sitios distintos y no todos vivían igual.
La bebida de ceniza, o cómo se fortalecía un hueso en el siglo II
El dato más llamativo del estudio no está en el carbono, sino en el estroncio. En los huesos de los gladiadores la proporción de estroncio frente a calcio daba una media de 1,26, y en los efesios corrientes, 0,67. Casi el doble, con una diferencia que los autores consideran muy significativa.
La explicación más probable está otra vez en Plinio, que menciona una bebida de ceniza vegetal que los gladiadores tomaban después de los combates para reponerse. La ceniza de madera y de plantas es rica en minerales, y disuelta en agua funciona como un suplemento de calcio. Dicho de otra forma: el remedio se sacaba del hogar de la cocina.
Tiene sentido en un hombre que se gana la vida recibiendo golpes. Un hueso que suelda bien es un gladiador que vuelve a la arena, y un gladiador que vuelve es una inversión que no se pierde.
Cómo se supo que eran gladiadores
Se han atribuido muchas tumbas a gladiadores en el mundo romano, casi siempre por deducción. Lo que hace especial al cementerio de Éfeso es que aparecieron con sus propias lápidas: relieves de la misma época que muestran a los luchadores con su equipo y, en varios casos, inscripciones con sus nombres. Fue el primer cementerio de gladiadores identificado con seguridad, y por eso aparece en casi cualquier estudio sobre el tema.

El hallazgo se hizo a unos 300 metros al este del estadio, entre la Vía Sacra que llevaba al Templo de Artemisa y un antiguo camino de carros. Lo excavó el Instituto Arqueológico Austríaco, y los huesos se estudiaron después en Viena, en el Departamento de Medicina Forense.
Casi todos eran hombres jóvenes, de entre 20 y 30 años. Hay dos excepciones que llaman la atención: un hombre de entre 45 y 55 años, que pudo ser un veterano o un entrenador, y una mujer, enterrada junto a la lápida de una esclava. Y medían de media unos 168 centímetros, lo normal en un hombre de su tiempo. Ni gigantes ni moles de músculo.
Lo que cuentan las heridas
Fabian Kanz y Karl Grossschmidt, los dos forenses que estudiaron los cráneos, publicaron sus resultados en 2006 en Forensic Science International. Su conclusión más humana es la primera: once hombres tenían en total dieciséis heridas en la cabeza perfectamente curadas, y cinco de ellos habían sido heridos más de una vez.
Una herida curada significa tiempo, vendajes, cuidados y un médico. Los gladiadores eran caros de formar y valían dinero a sus dueños, así que se les atendía bien. También significa que muchos combates no terminaban en muerte: alguien paraba la pelea, el herido se recuperaba y volvía a luchar meses después.
Los cráneos guardan también la otra cara. Diez de los individuos murieron de un golpe en la cabeza, y casi ninguno tiene más de una herida mortal, que es lo contrario de lo que se ve en las fosas de una batalla: aquí había reglas. Tres cráneos tienen las marcas de un tridente, el arma del reciario, y dos de esas heridas habían curado. Y cuatro presentan un agujero de forma muy concreta que los forenses atribuyen, como explicación más probable, al martillo con el que un empleado de la arena remataba a los vencidos.

Dónde luchaban: el Gran Teatro y el estadio
Éfeso no tuvo un anfiteatro como el Coliseo. Los combates se celebraban en edificios que ya existían y que se adaptaron. En el Gran Teatro de Éfeso, como en otros teatros de Asia Menor, se quitaron las primeras filas y se cerró la orquesta con un muro alto para que el público estuviera a salvo de lo que pasaba abajo. Ese muro todavía se reconoce al pie del graderío.

El otro escenario fue el estadio, junto a la carretera que baja hacia la entrada inferior. En época imperial avanzada se cerró uno de sus extremos para formar una arena ovalada, donde había combates y cacerías de fieras. A los que acaban de visitar el teatro les sorprende lo poco que queda: lo explicamos en las curiosidades de Éfeso, porque la piedra que falta se fue a otras obras, no a un terremoto.
Y hay una tercera huella, más pequeña y más cercana. En las paredes de las Casas de la Ladera, entre listas de la compra y declaraciones de amor, alguien rayó dibujos de gladiadores en el yeso pintado. Eran las estrellas del momento, y alguien los dibujaba en la pared como hoy se dibuja a un futbolista.
Mitos que el cementerio de gladiadores de Éfeso desmonta
- «Eran gigantes musculosos.» Medían unos 168 centímetros de media, lo normal en su época, y tenían algo de grasa a propósito.
- «Comían carne a todas horas.» Comían cereales y legumbres; la carne era escasa. Tampoco eran vegetarianos estrictos.
- «Todos los combates eran a muerte.» Las dieciséis heridas curadas dicen lo contrario: muchos perdían, se curaban y volvían.
- «Es el único cementerio de gladiadores del mundo.» Es el primero identificado con seguridad. Después se han propuesto otros, pero el de Éfeso sigue siendo la referencia.
Dónde ver hoy a los gladiadores de Éfeso
En el Museo Arqueológico de Éfeso, en el centro de Selçuk. Tiene una sala dedicada a los gladiadores, con las estelas funerarias y restos hallados en el cementerio, y fuera, en el jardín, hay más relieves de combates. El museo tiene entrada propia, distinta de la de la ciudad antigua, y se ve en una hora larga. Los datos oficiales del museo están en la ficha del Ministerio de Cultura y Turismo.
Nuestro consejo es el de siempre: el museo al final del día, después de la ciudad. Quien acaba de pasar por el teatro y ha visto el muro de la orquesta mira las lápidas de otra manera. Es el orden que seguimos en el itinerario de Éfeso en un día.
Por eso esta historia la contamos en la excursión de día completo a Éfeso, que termina precisamente en el museo de Selçuk: después de pisar la arena por la mañana, por la tarde se les ve la cara a los que lucharon en ella. Como agencia con licencia compramos las entradas por adelantado, así que el acceso prioritario va incluido sin suplemento y cada entrada se paga a su tarifa oficial, sin recargo, como explicamos en la guía de precios de Éfeso.
Si llega en crucero, sea realista. Con una escala de seis o siete horas, el museo suele ser lo primero que sale del plan, y la excursión desde el puerto de Kuşadası se centra en la ciudad antigua. Si los gladiadores son lo que más le interesa, díganoslo al reservar y montamos el día alrededor del museo.
Un último consejo: en cada relieve, fíjese en el equipo antes que en la cara. El casco, el escudo y el arma no son adorno: cada combinación correspondía a un tipo de gladiador, como el reciario del tridente. Mirado así, la sala deja de ser una fila de lápidas y se convierte en una lista de hombres con oficio.
Fuentes y lecturas
- Lösch, Moghaddam, Grossschmidt, Risser y Kanz (2014), «Stable isotope and trace element studies on gladiators and contemporary Romans from Ephesus», PLoS ONE 9(10): e110489
- Kanz y Grossschmidt (2006), «Head injuries of Roman gladiators», Forensic Science International 160
- Instituto Arqueológico Austríaco (ÖAI), excavaciones de Éfeso
- Museo de Éfeso (Selçuk) — Ministerio de Cultura y Turismo de Turquía
- Ephesus — Lista del Patrimonio Mundial de la UNESCO
Escrito por el equipo de guías de Gezginol en Kuşadası. Si ve algo que ha cambiado sobre el terreno — un horario, un precio, una obra — díganoslo a info@excursiondeefeso.com y lo corregimos.

